El Ultimate Fighting Championship regresa a su cuartel general en el Valle de Las Vegas, el UFC Apex, con un completo menú de hostilidades que tiene a Derrick The Black Beast Lewis (23-7-0-1) VS. Aleksei Boa Constrictor Oleinik (59-13-1) como cabeza de cartel. Un combate entre dos pesos pesados rebosantes de experiencia cuyo ganador es poco probable que se decida en las tarjetas de los jueces.
Lewis,
ex contendiente al título que comparte el récord de mayor número
de knockouts en la división (10) con dos ex-campeones, Junior
dos Santos y Caín Velázquez, viene de ganar sus últimos combates
por decisión, y ya ha avisado de que “algo loco” va a suceder en
el octágono este sábado para que no se repita la película. Su
rival, el único luchador en la historia de la UFC que ha logrado
finalizar combates con un estrangulamiento Ezequiel, tampoco quiere
dejar la decisión en manos de los jueces, pero su intención es
plantear una pelea más metódica, una partida de ajedrez con la violencia de invitada.
La Boa Constrictor lleva casi un cuarto de siglo sometiendo a rivales, desde que debutara como profesional en su Ucrania natal con tan solo 19 años para llevarse la Minamoto Cup de 1996, cuando la UFC aún estaba dando sus primeros pasos y distaba aún mucho de ser el fenómeno global que es en la actualidad. Con más de setenta combates a sus espaldas, el ruso ha visto de todo en rings, jaulas y octágonos de medio mundo, y sabe qué debe hacer para anular los puntos fuertes de The Black Beast, pero eso no garantiza que Lewis, que llega al combate con ocho años menos y medio centanar de libras más que él, no pueda cazarle con un arranque explosivo. Sus rodillas voladoras las carga el diablo, y sus puños pueden aparecer en cualquier momento, como el as en la manga de un tahúr. Travis Browne, Marcin Tybura o Alexander Volkov pueden acreditarlo.
Más de cien combates y casi cuarenta años de experiencia como profesionales de las MMA entre ambos. Y, con una finalización sonada, cualquiera de los dos es aún capaz de llamar a las puertas del título de los pesos pesados de la UFC.
Sin duda, una pelea que merece la condición de evento principal en una velada que también nos propone choques tan interesantes como el Beneil Dariush VS. Scott Holtzman, el Gavin Tucker VS. Justin Jaynes -un emparejamiento con todos los condimentos a priori para convertirse en pelea de la noche- o el Tim Means VS. Laureano Staropoli que cierra la carta preliminar, con ambos luchadores deseosos de olvidar sendas derrotas en sus últimos combates. Eso sí, mientras que El Matador argentino ha salido victorioso en siete de sus últimos ocho combates, el balance de The Dirty Bird en los últimos tres años es de tres victorias por cinco derrotas, por lo que toda la presión estará en su esquina.
Sin embargo, si hay un luchador que llega a esta velada con la necesidad imperiosa de ganar, ése es Chris Weidman. El hombre que consiguió lo imposible en 2013, destronar al legendario Anderson Silva como campeón de los pesos medios, y que defendió el título y su condición de invicto contra el propio Silva y los también brasileños Lyotto Machida y Vitor Belfort, entró en barrena dos años después, tras perder el cinturón ante su compatriota Luke Rockhold, y acumula desde entonces un balance de una victoria y cinco derrotas, todas ellas por KO, algunos de ellos verdaderamente salvajes.
Su intento de reconducir su carrera como semipesado quedó en escaramuza, tras perder en Boston ante Dominick Reyes en octubre del año pasado, y el combate de este sábado, en su regreso a su división natural, se plantea casi como un todo o nada para el All-American. Enfrente tendrá a Omari Akhmedov, número 11 en el ranking de los pesos medios y, en teoría, un rival más asequible que cualquiera a los que se ha enfrentado en los últimos años. Pero Akhmedov, que acumula cinco decisiones a su favor y un empate en sus últimos seis combates, no tiene intención de ponérselo fácil al ex campeón.
A.G./Round 0 MMA




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