No es habitual que un evento estelar de la UFC enfrente a dos luchadores que vienen de sendas derrotas, pero ése es precisamente el aliciente extra del combate entre Pedro Munhoz y Frankie Edgar, que este sábado pondrá el colofón a un suculento menú de hostilidades en Las Vegas.
Munhoz llega a este duelo tras más de un año sin pisar los octágonos. Lo hizo por última vez en junio de 2019, en el marco de UFC 238: Cejudo vs. Moraes, cuando una decisión unánime a favor de Aljamain Sterling cortó su racha de tres victorias consecutivas y frenó su escalada en los rankings de la división de los pesos gallo. Edgar, por su parte, viene de dos derrotas consecutivas. Tres en sus últimas cuatro peleas. Dos de ellas por K.O., las únicas finalizaciones que ha sufrido en sus quince años de carrera como profesional. Su pelea de este sábado supone, además, su debut como batntamweight, con lo que además de lidiar con las inseguridades internas generadas por sus últimos resultados, estará sometiendo a su cuerpo a un corte de peso inusitado con su 39 cumpleaños a la vuelta de la esquina.
Ex campeón de los pesos ligeros y eterno contendiente al cinturón de los pesos pluma, el peleador de Nueva Jersey asegura que sólo siente “salubridad” de cara a un combate que debía haberse celebrado originalmente el pasado mes de julio en el marco de UFC 251: Usman vs. Masvidal, y que fue aplazado a causa del positivo asintomático por COVID-19 de Munhoz. “Creo que todo lo que nos sucede en la vida pasa por nosotros, no contra nosotros”, asegura el siempre positivo luchador brasileño, que considera “un honor compartir el octágono con una leyenda” como Edgar. Eso no impedirá, desde luego, que Munhoz intente dar la bienvenida a la división a Edgar con puños cargados con dinamita (en su currículo ya figura un espectacular K.O. ante otro ex campeón, Cody Gardbrandt) y la sempiterna amenaza de sus temidas guillotinas. A sus 33 años, el de Sao Paulo es un artista marcial que continúa evolucionando, y su inteligente uso de patadas al cuerpo y a las piernas puede ser otra de las claves de la pelea, siguiendo el patrón que su compatriota José Aldo marcó, con el campeonato de Featherweight en juego, en sus dos victorias ante Edgar.
Ambos atletas tienen la misma estatura, 1.68, pero Frankie Edgar cuenta con un alcance de 1.73, ocho centímetros mayor que el de su rival. Además de esa pequeña ventaja, inusual para un luchador acostumbrado a ser el bajito en la pelea, Edgar cuenta con su movilidad, su fluidez en las transiciones entre grappling y striking y la intensidad que es capaz de mantener hasta el último momento como principales bazas. Y, por supuesto, con su experiencia. No en vano, The Answer ya se enfrentaba, y con éxito, a luchadores de la categoría de B. J. Penn hace una década. Y nadie, absolutamente nadie, ha pasado más tiempo que él sobre el octágono de la principal promoción de artes marciales mixtas del mundo: un total de más de siete horas y cuarto.
Al igual que Munhoz y Edgar, los protagonistas del co-estelar de la noche, Ovince Saint Preux y Alonzo Menifield, y los del antepenúltimo combate de la carta principal, Marcin Prachnio y Mike Rodríguez, se presentan en el UFC Apex de Las Vegas este sábado con el sabor de la derrota aún en los labios. Un póquer de guerreros en busca de redención. Una receta con aroma a K.O., sobre todo teniendo en cuenta que entre los cuatro semipesados suman 37. Y tampoco debemos olvidar la necesidad imperiosa de ganar con la que llegará al octágono Shana Danger Dobson, quien, tras tres peleas en la UFC, aún no conoce la victoria. No lo tendrá fácil la peso mosca nacida en Florida, que se medirá a Mariya Agapova. La prometedora luchadora kazaja acumula tres victorias consecutivas y tiene, a sus 23 años (ocho menos que Danger Dobson), un envidiable récord de 9-1 que incluye siete finalizaciones.
A.G./Round0MMA









